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viernes, 23 de febrero de 2024

¿Y ahora qué?

    Hasta hace poco la prensa publicaba artículos y artículos acusando de xenofobia y racismo a Italia y Grecia cuando llegaban a sus costas hasta más de 7000 emigrantes






viernes, 9 de diciembre de 2016

Aquella gente

Tristes, parecen tristes. Les hablas como a los niños y ni siquiera sabes si sienten como niños. Quizás les tengan miedo al mundo y lo que ven les aterroriza. Mueven su cuerpo sin gestualizar, su mímica es nula. La antikinesia, los apologistas de la hipomimia. Nos ofrecen una enigmática compasión que se puede transformar en una melosa envidia por no poder disfrutar, en ocasiones, de ese laberíntico mundo que supone la más absoluta soledad. Suaves y lejanos como un perfume que hubiera envejecido en ese pañuelo guardado en un desvencijado cajón. Habitan en los lugares más caprichosos –o eso se me antoja- y viven las mayores aventuras, y conocen a los dioses más exóticos. Son el cronómetro del tiempo y encierran en su urna el verdadero concepto del silencio. Eterno silencio. Sus ojos son el grito de la angustia, del terror a lo desconocido. Un misticismo desbordante. Dueños y esclavos de su destino. O es mentira y sus ojos son escépticos, o tal vez encierran el conocimiento exacto y único del que sabe que todo se sabe. Porque esa es la verdad universal, que solo sabemos lo que hemos conocido. Palpan la vida como los ciegos.

jueves, 30 de enero de 2014

Qué imperfectos somos (Capítulo 1)

Jujuy. Argentina
La Quebrada de Pumamarca se encuentra al noroeste de Argentina, en la Provincia de Jujuy, ofrece un paisaje estremecedor. Es un valle estrecho y alargado. A ambos lados de la Quebrada hay formaciones montañosas de colores, donde la naturaleza las pintó con tonalidades del blanco, rojo, naranja y amarillo. Extraordinario.
En la carretera que me llevaba a los diferentes poblados de montaña con casas de adobe, antiguas iglesias y ruinas que resisten el paso de casi 10 mil años, los indios de la etnia Kolla disponían, en la orilla del camino, puestos de venta donde ofrecían artesanía, tallas de madera, cerámica, telares, cestería… Más allá, los vendedores eran niños pequeños, muy pequeños, que extendiendo unos mantelitos, colocaban ordenadamente sus productos y se sentaban detrás, esperando.
Me acerqué con inquietud y mis ojos se clavaron en sus manitas cuarteadas por el frío que se movían con rapidez sobre el mostrador improvisado, donde aparecían collaritos, pulseras, peinillos de hueso, algunas golosinas, llaveros de donde pendían instrumentos musicales típicos de esa región, y varios grupos de papas amontonadas de cinco en cinco, formando una sucesión de pirámides en el borde del mantel.
Eran como nuestros niños, iguales, con ojos, boca, nariz…, extremidades y con cerebro, también hablaban.
Compré algunos objetos y chicle. Entregué un billete. Hizo la cuenta y me devolvió correctamente.
¿Cuántos años tienes?
Cuatro años, señorita.
Silencio.

¿Occidente?
¿Políticamente correcto?
¿Tolerancia?
¿Respeto?
¿Derechos?
¿Derechos de los niños?
¿Tercer Mundo o submundo?
¿Hambruna?
¿Igualdad?
Indolencia.
Escala de valores.

Niveles de contento.
¿Esperanza?


Sentí miedo de los humanos, y de los humanos con poder, y de los humanos que deciden y de los humanos con dinero, y de los gobernantes y de los alcaldes y de los concejales y de los liberados sindicales y de los que opinan sin documentarse y de los directores de algo, y de …, en general, de los humanos.

Qué imperfectos somos (Capítulo 2)

Eran como nuestros niños, iguales.
Durante los tiempos anteriores al descubrimiento y colonización de estas regiones, la Quebrada era el camino de los incas. A pesar de la aculturación sufrida debido a la acción colonizadora, pasada y actual realizada ahora por su propio pueblo aún practican algunos de sus rituales y mantienen otras formas culturales. Sus ocupaciones son antiquísimas y no poseen los títulos de propiedad de sus tierras. Siguen siendo perseguidos y amenazados por terratenientes, e incluso, algunas comunidades sufren severas represiones policiales o son “animados” a abandonar sus tierras con cierre del paso hacia los centros poblados donde venden sus productos.
El niño vendedor cuidaba de una cabrita porque él era ya grande. Cada día le daba de comer y la ordeñaba. Sus hermanos hacían lo mismo, y sus padres también lo hicieron y sus abuelos y …
Yo volví a mi mundo. Atragantada.
Tardo en adaptarme a mis gustos, a mi comodidad, a mis palabras, a mis gestos.
Convivo difícilmente con la desigualdad, con la falta de libertad, con la injusticia y la estupidez de esta etnia nuestra, que cambia las palabras, inventa frases que nadie entiende para endulzar y negar la amargura de tanta indolencia. No quiero olvidarme de esos recuerdos. No quiero. Me proporcionan el peso necesario para no desequilibrarme demasiado.
Ni siquiera las religiones del mundo han logrado ennoblecer a tanta conciencia entregada al rezo y al reconocimiento de Dios. Qué imperfectos somos.
Autora invitada: Julia 

viernes, 18 de octubre de 2013

¿El tango, una forma de vida?

Sigo corrigiendo faltas de ortografía sin parar. Levanto una piedra y aparecen, paseo por mi pueblo y me sorprenden tras las esquinas, me buscan, y cuando me encuentran, abro mis ojos sonriendo. Convivo con ellas. Me dan de comer.  Acabo de ver una mientras voy a bailar tango: “Ay naranjas para zumo”.
El tango lo veo difícil. Creo que no tengo futuro en este campo. Aun así, yo sigo yendo a clase. Me divierto y me ayuda a concentrarme. Me gustan mucho los profesores –una pareja–, ella es excepcional, le hace sombra a él; por eso es casi invisible, aunque la complementa. Tal vez siga empeñada por ellos.  No tengo que hablar, ni corregir faltas de ortografía ni ser más agradable de la cuenta ni decir lo que pienso ni qué siento, sólo escuchar las indicaciones que me dan con el cuerpo, dejarme guiar, aunque es difícil entender y obedecer sin palabras. Es como la meditación, pero más complicado porque debes meditar acompañada y al unísono, o como aprender inglés. En algún momento encajará lo que asimilas. Ya fui a una milonga, que es un baile organizado para "bailar tangos". Nadie habla, todo el mundo está ensimismado y muchos hombres entregados a esta misión. Ellos son los que conducen.
“Es una forma de vida”, dicen las muy apasionadas.
Yo, será que estoy despojada de partes emocionales relativas a formas de vida. Las pierdo todas. Todavía ando buscando una y sé que no va a ser el tango.
                Autora invitada: Julia.


Opinamos, opinamos, opinamos.

Las consideraciones engañosas no duran, los que simulan ser buenos no disimularán mucho más, juzgamos lo que no sabemos, opinamos sobre lo que desconocemos y no sólo entre amigos, sino que somos capaces de imponernos sin documentarnos sobre acuerdos y desacuerdos y dictaminamos, numeramos proporciones y desproporciones pero nada descubrimos, sobre afectos y desafectos los de otros–, de nada estamos seguros y opinamos, opinamos, opinamos denunciamos nuestras limitaciones nosotros mismos y seguimos hablando…, y luego está el cerebro de los tramposos creadores…
Me gusta escuchar a las personas moderadas y que su opinión sea firme y decidida producto de sus acciones, de la reflexión y del conocimiento, y permanecer alejada de los excesos, de los presagios, de los que inmolan víctimas para enardecer a los incautos o por merecer algún favor a corto o a largo plazo, o de los que se creen poseedores de la verdad absoluta, o para oírse, simplemente.
Sentenciar con rectitud concierne a la magnanimidad. La echo de menos. 
¿Por qué un vicio origina pasiones más poderosas que una virtud? 
Autora invitada: Julia

sábado, 12 de octubre de 2013

¿La justicia?

Ahora observo...

Cuando no hay transparencia, la bajeza asoma por todos lados su feo rostro. No puedo considerar  PAZ  donde no se oiga a  verdaderas audiencias, donde los togados parezcan sordos y la ley una trampa con la que el fuerte humilla al débil, incluso hasta en estos tiempos en los que el soberbio abuso sale airoso de momento.  Ahora observo espantada cómo a los que yo creía vigilantes de la justicia se encargan de torcer el progreso con sus inteligencias tumorales.
Autora invitada: Julia

martes, 10 de septiembre de 2013

Somos.

Somos
Somos los eremitas contemporáneos que nos alimentamos de una absurda inconsciencia, del “no
pensamiento”. Esperpentos de la soledad como los cipreses del cementerio.
Vagabundear en un laberinto es nuestra… ¿vida?
Recolectar miseria es nuestra misión y nuestra insumisión y nuestra remisión. Islas rodeadas de vacío por todas partes, de ahí la mirada abismal. Somos las lágrimas del perdedor, la angustia del derrotado…, somos el adiós al difunto.
Creadores de irrealidad, errores del pasado, lacra del presente, estiércol del futuro.
Espantapájaros en el desierto.
Somos ninguno, somos nadie, somos nada, somos nunca. El cero elevado a la enésima potencia. El despojo de la desdicha. Construimos nuestras propias tumbas para profanar nuestra propia muerte. Hedonistas en el vicio, onanistas mal educados que se creen estrellas de su propio circo.
Somos la guerra para el pacífico, el odio para el amante, la cruz de los cristianos, los parias para el hindú.
Si la desesperanza tuviera su apología nosotros seríamos su abanderados, erguidos estandartes, orgullosos engreídos que buscamos en un billete de mil perdones, mil súplicas, mil ruegos.
Somos la mentira, y la verdad es nuestra sombra. Mentira vestida de gala, empavonada y empolvada con no sé qué sustancia que decora nuestras facciones del más patético de los disfraces carnavalescos. Siempre en busca de una quimera que nuestras mentes distorsionadas emborronan de realidades que no podrán ocurrir, que no podrán suceder, que no podremos vivir, que no podremos sufrir.
Pero seré, seremos. Seremos algo, alguien. Seremos siempre. Savia nueva y experimentada, raíces, tronco, ramas y frutos. Presente y futuro. Seremos realidades, ilusiones y esperanzas.
Bandera en la cima.

martes, 3 de septiembre de 2013

Y yo qué sé

   
 Y yo qué sé…
Una simple mirada atrás que rompe el futuro porque te conecta con tu pasado sin sentir, sin padecer, sin sufrir el acongojo del herido de muerte. Que no desaparezca el tiempo en el agua y que ni el viento te desvanezca en mi mirada para eternizar mi Yo en tu Yo. Un tic y un tac, un campaneo, un compás descompensado latiendo en un silencio desgarrador sin que la menor de las compasiones estremezca la mínima ilusión de aquel que no mira atrás por el simple miedo a perder su norte, la mirada del que busca un mañana, la seguridad del que teme no perder la locura encerrado en su cordura. Invertir el tiempo para no depender del que te lo sacrifique.
Cruz del infierno incendiada de lágrimas que queman, de legañas que son como costras pegadas en la sensible piel de los ojos. No son más que la búsqueda de poros impacientes que desembocan en inquietud, en desasosiego, en ansiedad, que no te dejan vivir sin más dilación, sin más demora, sin más multa que la de vivir.
Hasta hoy, nunca he pretendido desaparecer de todo aquello que me haga sentir la menor de las emociones, que no pueda desacreditar a aquellos  que me pudieran hacer guerrero de una batalla perdida. Ya no volveré a ser el mismo, el ganador de las causas perdidas, la flecha del laberinto sin descubrir más que un cúmulo de vanalidades que sangran mis venas, que convierten en sal todo aquello. No es poder sin que alimente… (2005) 
     

lunes, 2 de septiembre de 2013

Ayer

      Ayer
      Pestañas húmedas, mejillas surcadas por lágrimas que salan la piel hasta quemarla. Ojos llenos de ríos de sangre. Angustia que se atraganta y que otra angustia empuja desde tu garganta hasta el estómago llenando esta guarida de pestilencia, de úlceras ansiosas.
      Ayer es palabra maldita, porque maldice mi conciencia que se ríe como una hiena perfumada de putrefacción. Ayer es amnesia por temor al menor de los recuerdos. Ayer es fango, marea revuelta. La, a veces, irreparable de un “no hice”, “no quise”, “no supe”. Ayer no es pretérito. Ayer es hoy, Ayer es mañana, es sombra teñida de sombra. Compañero dominante que te somete, que te subyuga, que te esclaviza. Una cadena tan fuerte y sólida como corta, que te ata a la mezquina sensación del que ha matado a un niño, a los sentimientos ajenos o a los propios. El ayer es el asesino de tu tiempo, como una tela de araña que, además de tenerme atrapado, me ciega, me enmudece, me ensordece, hace palidecer mi corazón y convierte mi sangre en agua. Un enemigo conocido y tan temido como el mayor y más poderoso de los ejércitos. Un batallón de pensamientos que convierte tus ideas en el cáncer más agresivo y con la paciencia del que se sabe eterno.
      Vencer el Ayer significa vivir el Hoy e ilusionarme con el Mañana. Por ti desperdicié mi vida, por ti la padezco en un sufrimiento sin el menor de los sentidos, en la más absurda de las corduras, en la más cuerda de las locuras.
      El miedo era atroz, por eso giraba la cabeza constantemente para asegurarme de que sólo mi sombra me seguía. (2005)